2 de febrero de 2025 | Arquitectura, Ecología | 6 min de lectura
La humedad, a menudo percibida como un simple inconveniente, es uno de los enemigos más temibles para la construcción de un edificio duradero. Puede dañar rápidamente la estructura, la estética y la salud de los ocupantes si no se controla correctamente. La humedad en la construcción genera numerosos problemas, como moho, condensación, grietas e incluso deterioro de los materiales de construcción. Por ello, es imprescindible implementar acciones específicas desde la fase de diseño y durante toda la vida útil del edificio para limitar sus efectos. En este artículo, presentamos las seis primeras acciones esenciales para garantizar la durabilidad de los edificios y prevenir los daños relacionados con la humedad.
La primera medida para combatir la humedad consiste en garantizar una impermeabilización perfecta de la construcción frente a las inclemencias del tiempo. Una impermeabilización deficiente permite que el agua se infiltre en muros, cimientos y otras partes sensibles del edificio, lo que puede generar problemas graves a largo plazo. Es indispensable realizar un diagnóstico completo de la envolvente exterior del edificio, identificando los puntos vulnerables. Tejados, ventanas, puertas, juntas y sistemas de drenaje deben estar perfectamente sellados. Para ello, es recomendable coordinar los distintos oficios, especialmente los especialistas en impermeabilización, para instalar y mantener sistemas confiables, como membranas impermeables o barreras contra la humedad. Controles periódicos, sobre todo después de fuertes lluvias, permiten mantener una protección óptima frente a infiltraciones.
La evacuación del agua de lluvia es otro elemento clave en la gestión de la humedad. Un edificio bien diseñado debe permitir la evacuación rápida y eficiente del agua. Si se acumula agua cerca de los cimientos, muros y aberturas, la humedad puede infiltrarse y deteriorar la estructura. Es crucial instalar sistemas de drenaje eficientes, como canaletas, cunetas, drenajes franceses o bajantes. Estos elementos requieren un mantenimiento regular, ya que la acumulación de residuos puede obstruir el paso del agua y causar inundaciones locales. Además, un mantenimiento riguroso asegura el buen funcionamiento del sistema y previene riesgos de infiltración. Estos sistemas también ayudan a reducir la humedad ascendente, que puede afectar muros bajos y sótanos.
El agua procedente del suelo o del entorno cercano también puede influir en la presencia de humedad. La humedad ascendente, que proviene del suelo, suele ser la causa de daños visibles en la parte inferior de muros y cimientos. Para prevenirlo, es necesario tratar adecuadamente los alrededores del edificio. Esto incluye crear pendientes que alejen el agua de los cimientos, instalar canales para evacuar aguas superficiales y zonas drenantes alrededor del edificio. Asimismo, puede ser recomendable favorecer la vegetación (plantas o césped) que ayude a regular la humedad cerca de los muros exteriores. Una gestión adecuada de las aguas pluviales contribuye significativamente a prevenir infiltraciones, especialmente en zonas sensibles como sótanos o bodegas.
La gestión de la humedad no comienza solo después de la construcción, sino desde la fase de obra. Durante la construcción o renovación, es esencial prevenir la exposición de los materiales a las inclemencias del tiempo. Almacenar los materiales a salvo de la humedad evita que se impregnen de agua y se conviertan en una fuente de humedad en los muros. Por ejemplo, ladrillos, bloques, madera u otros materiales de construcción deben protegerse de la lluvia y almacenarse en zonas secas. También es importante asegurarse de que los trabajos se realicen en condiciones óptimas para minimizar riesgos de infiltración. Además, las condiciones climáticas deben considerarse en la planificación de la obra, evitando dejar los materiales expuestos durante períodos prolongados a la intemperie.
Durante la construcción o renovación, la humedad generada por materiales como el hormigón, la capa de nivelación o los revestimientos de acabado puede difundirse por toda la estructura. Para evitar que esta humedad se instale en los muros y comprometa la calidad de la construcción, es crucial implementar una ventilación adecuada. El uso de ventiladores o deshumidificadores puede acelerar la eliminación de humedad. También se recomienda controlar regularmente la humedad del aire y los materiales para asegurarse de que estén secos antes de continuar con las siguientes etapas de construcción. Este control evita problemas de humedad, como la aparición de moho visible o invisible que puede afectar la salud de los ocupantes.
6. Prevenir fugas en las tuberías
Finalmente, la gestión de la humedad también implica prevenir fugas en las redes de tuberías. Ya sean de agua, alcantarillado o sistemas de drenaje, es esencial mantenerlas en buen estado y accesibles. Las fugas no detectadas pueden provocar infiltraciones de agua en muros, techos o cimientos, creando condiciones favorables a la humedad. Un mantenimiento regular y un seguimiento de los sistemas de fontanería son indispensables para garantizar su correcto funcionamiento. Además, disponer de redes accesibles y fáciles de inspeccionar permite detectar rápidamente cualquier signo de deterioro o fuga antes de que se convierta en un problema mayor.
La gestión de la humedad en la construcción es una tarea compleja, pero esencial para garantizar la durabilidad, seguridad y confort de los edificios. Siguiendo estas seis primeras acciones, se pueden reducir considerablemente los riesgos asociados a la humedad y proteger la inversión inmobiliaria. En nuestro próximo artículo, presentaremos otras acciones complementarias para perfeccionar la estrategia de gestión de la humedad. Implementando un plan completo y contando con los actores adecuados en cada etapa, se puede asegurar una mejor calidad de construcción y confort a largo plazo.
Para más consejos y experiencia sobre la gestión de la humedad en la construcción, consulte nuestro artículo detallado [aquí].
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